Del HMS Serpent al City of Agra y el Prestige: los grandes naufragios de la Costa da Morte, sus víctimas, rescates y memoria histórica.
En la Costa da Morte hay nombres que todavía suenan como una advertencia: Serpent, Captain, City of Agra. No son barcos inventados para una novela de misterio. Existieron, navegaron frente a Galicia y encontraron allí su final. Algunos dejaron tumbas junto al mar; otros, historias de rescates que una comunidad siguió contando durante generaciones. Para entender esta costa hay que mirar sus naufragios sin convertir la tragedia en espectáculo: distinguir lo que dicen los archivos, lo que recuerdan los vecinos y lo que el tiempo transformó en leyenda.
Este recorrido se detiene en cinco de esos episodios. Cuatro pertenecen al siglo XIX, cuando la navegación de vapor y vela compartía rutas frente a Fisterra y Camariñas. El quinto, el Prestige, es casi de ayer y cambió para siempre la forma en que Galicia piensa en el mar. Cada historia tiene sus fuentes y también sus dudas, y aquí se cuentan unas y otras.
No hay una causa única, y desconfiar de quien la ofrezca es un buen punto de partida. Lo que sí hay es una suma de circunstancias. Por delante de este litoral pasa una de las grandes rutas marítimas entre el norte de Europa y el Mediterráneo, de modo que durante siglos ha sido una costa muy transitada. A ese tráfico se añaden cabos expuestos al Atlántico, bajos rocosos que apenas asoman, temporales que llegan con fuerza, corrientes y episodios de mala visibilidad que complican cualquier maniobra cerca de tierra.
Los faros forman parte de esta historia. Su construcción y modernización a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX respondió, en buena medida, a la necesidad de hacer más segura una navegación que dejaba demasiadas pérdidas. Pero ni el mejor faro corrige un error de cálculo en plena tormenta ni compensa un barco mal diseñado. Por eso cada naufragio debe leerse por separado: con su buque, su tripulación, sus condiciones y sus decisiones.
Quien quiera ampliar el contexto puede recorrer la historia y paisajes de la Costa da Morte en otros artículos del blog. Aquí nos quedamos en el mar.
El HMS Captain fue uno de los buques más ambiciosos de la Royal Navy de su tiempo. Combinaba torretas giratorias para la artillería con un aparejo de vela completo, una apuesta técnica que despertó tanto entusiasmo como recelos. Su francobordo era bajo, y la cuestión de su estabilidad acompañó al barco desde su concepción.
En la noche del 7 de septiembre de 1870, navegando frente a Fisterra con la escuadra británica, el Captain sufrió un temporal y volcó. Según Royal Museums Greenwich, solo hubo 18 supervivientes. La pérdida conmocionó al Reino Unido y alimentó un debate sobre diseño naval que llegó a la investigación oficial del caso.
Sobre el número de fallecidos conviene ser prudentes. Las propias fichas del museo ofrecen recuentos que no coinciden, y por eso aquí no se da una cifra exacta de víctimas: preferimos señalar la divergencia antes que fabricar una precisión que las fuentes no sostienen. El museo conserva además un modelo del buque, y Historic England guarda fotografías de época que ayudan a entender cómo era.
Desde 2021, Royal Museums Greenwich y la Universidad de Wolverhampton impulsan el proyecto Find the Captain, dedicado a investigar el naufragio y la posible localización de sus restos. Es un proyecto de búsqueda e investigación patrimonial: no supone, por ahora, un hallazgo confirmado del pecio.
Mucha gente asocia el Cementerio de los Ingleses de Camariñas únicamente con el Serpent. Sin embargo, siete años antes otro naufragio ya había dejado allí a sus muertos. Según la ruta de Turismo de Galicia por Camariñas, el Iris Hull, perdido en 1883, dejó 28 tripulantes enterrados en el mismo recinto que después acogería a las víctimas del buque británico.
De este barco se sabe menos de lo que querríamos. Detalles como su bandera, su ruta o las circunstancias exactas del naufragio requieren contraste con documentación primaria, y no los afirmamos aquí. Tampoco hay diálogos ni escenas de rescate que contar: no constan en las fuentes consultadas y no vamos a inventarlos. Lo que sí queda es un hecho humilde y elocuente: 28 marinos que no volvieron a casa y que descansan junto al mar que los alcanzó.
El 10 de noviembre de 1890, el crucero británico HMS Serpent embistió los bajos de Punta do Boi, en Camariñas, en plena noche y con mal tiempo. Según Turismo de Galicia y la Guardia Civil, iban a bordo 175 tripulantes; murieron 172 y sobrevivieron tres. Es la cifra institucional que seguimos en este artículo.
Muchas de las víctimas fueron enterradas en el Cementerio de los Ingleses, que desde entonces quedó ligado a su nombre. La tragedia tuvo también consecuencias en tierra: el blog de Turismo de Galicia la relaciona con la modernización del faro de cabo Vilán, uno de los grandes faros de la costa gallega. Y el mar sigue devolviendo piezas de aquella historia: la Guardia Civil recuperó un ancla atribuida al Serpent, hoy considerada patrimonio.
La historia del Serpent merece un relato propio, con sus supervivientes, la respuesta de los vecinos y la memoria británica del naufragio. Le dedicaremos próximamente un artículo monográfico; aquí basta con situarlo en el conjunto de la costa.
No todas las historias de esta costa son solo de pérdida. En la madrugada del 3 de febrero de 1897, el vapor City of Agra naufragó cerca de Arou, y los vecinos de Camelle salieron con sus propias embarcaciones a socorrer a los náufragos. Así lo reconstruye el reportaje de GCiencia sobre las gentes de Camelle, basado en crónicas de la época.
Lo que esta historia pone en primer plano es la solidaridad. Gente de mar, que conocía bien los peligros de aquellas aguas, se arriesgó para salvar a desconocidos. Ese gesto colectivo es parte tan importante de la memoria de la Costa da Morte como los propios naufragios, y ayuda a desmontar la imagen de un litoral definido únicamente por la muerte.
Sobre el balance final de supervivientes y fallecidos, las cifras deben cotejarse con la crónica completa y con las referencias originales, así que no las simplificamos aquí. La intervención vecinal, en cambio, está bien documentada y es el centro del recuerdo.
El Prestige pertenece a otra época, pero también a esta historia. Según la cronología del MITECO, la alarma saltó el 13 de noviembre de 2002, cuando el petrolero sufrió una avería frente a la costa gallega. Tras días de deriva, el buque se partió y se hundió el 19 de noviembre, a unas 133 millas de Fisterra y a gran profundidad.
Conviene recordarlo porque a menudo se imagina mal: el Prestige no se hundió junto a una playa ni frente a cabo Vilán, sino mar adentro. Lo que llegó a la costa fue el vertido, y con él una catástrofe ambiental que afectó gravemente al litoral, a sus ecosistemas y a quienes vivían del mar.
En el Prestige hay que distinguir tres planos: el siniestro marítimo, el vertido y la respuesta social y ambiental, que movilizó a miles de voluntarios y marcó a toda una generación. Las responsabilidades, los volúmenes de combustible o el alcance económico exigen fuentes técnicas específicas, y no los mezclamos con la memoria. Pero esa memoria existe y es poderosa: desde 2002, la palabra naufragio ya no evoca en Galicia solo a los marinos perdidos del siglo XIX.
Los naufragios se recuerdan de muchas maneras. Están las fechas de los documentos, las placas y memoriales, los cementerios junto al mar, los objetos rescatados y conservados en museos. Y está la tradición oral: lo que se contaba en las casas y en los puertos, lo que pasó de padres a hijos y, con el tiempo, se fue transformando.
Las dos memorias son valiosas, pero no son lo mismo. Un relato transmitido durante generaciones cuenta mucho sobre cómo vivió una comunidad la tragedia; no prueba, en cambio, que ocurriera cada detalle tal como se narra, ni mucho menos una aparición sobrenatural. Cuando una leyenda local se refiere a un naufragio concreto, lo honesto es presentarla como relato, atribuirla y no confundirla con el hecho histórico. Sobre ese otro plano del territorio trata el artículo de mitos y leyendas de la Costa da Morte.
La investigación tampoco está cerrada. En mayo de 2026, Cultura de Galicia anunció una campaña subacuática en A Arnela (Corme) para documentar un pecio mediante fotogrametría 3D; la nota explica el objetivo del trabajo, pero no publica resultados concluyentes ni atribuye una identidad al barco. Ese mismo año, la Xunta presentó el primer censo del patrimonio marítimo de Galicia, con 1.452 bienes documentados; una cifra que no debe confundirse con el número de naufragios.
Los restos sumergidos forman parte del patrimonio cultural subacuático y están protegidos. Son, además, lugares donde murieron personas. Por respeto a ambas cosas, este artículo no ofrece ubicaciones de pecios.
Para quien quiera acercarse a estas historias sobre el terreno, hay tres paradas que se entienden bien juntas.
Camariñas. El Cementerio de los Ingleses, junto a Punta do Boi, es el lugar más evocador de esta ruta: un pequeño camposanto frente al mar donde reposan marinos del Iris Hull y del Serpent. Muy cerca se alza el faro de cabo Vilán. La ruta circular que propone Turismo de Galicia enlaza ambos puntos.
Camelle. Su puerto recuerda que esta costa también es de rescates. Pasear por el pueblo y por el litoral hacia Arou ayuda a imaginar el esfuerzo de quienes salieron al mar en 1897.
Fisterra. El cabo conecta con dos historias separadas por más de un siglo: el Captain, perdido frente a sus aguas en 1870, y el Prestige, hundido mar adentro en 2002.
Algunos accesos costeros son estrechos o expuestos, y las condiciones del mar cambian con rapidez. Antes de ir, consulta la información local y oficial de Turismo de Galicia sobre la Costa da Morte, y no te acerques al borde de las rocas con temporal. Si te interesa cómo aparece este paisaje en la ficción, puedes leer sobre la Costa da Morte en Los Hijos de la Peste.
Estos naufragios tienen todo lo que busca una buena historia: espera, miedo, valentía, pérdida y una memoria que se niega a desaparecer. No es extraño que el mar de la Costa da Morte haya inspirado a tantos escritores; la selección de novelas ambientadas en la Costa da Morte da buena cuenta de ello.
*Los Hijos de la Peste*, la novela negra histórica de Fernando Mourelle, se adentra en ese mismo clima de silencio, memoria y secretos de la costa. No reconstruye estos naufragios, pero comparte con ellos un paisaje que pesa sobre quienes lo habitan.
Por los numerosos naufragios y peligros de navegación asociados a este litoral atlántico; el nombre también se difundió a través de relatos y prensa.
Un buque británico hundido frente a Punta do Boi en noviembre de 1890. Según Turismo de Galicia, murieron 172 tripulantes y sobrevivieron tres.
Un pequeño camposanto junto al mar en Camariñas donde reposan marinos de los naufragios del Iris Hull y del HMS Serpent.
Naufragó en 1897 cerca de Arou y vecinos de Camelle participaron en el rescate de sus supervivientes.
No. El petrolero se partió y hundió mar adentro el 19 de noviembre de 2002; el vertido afectó gravemente al litoral.
Turismo de Galicia — Circular de Camariñas: Serpent, Iris Hull, cementerio y faro
Turismo de Galicia — Costa da Morte
Turismo de Galicia — A traxedia do Serpent e o seu legado en Camariñas
Guardia Civil — Recuperación de un ancla atribuida al Serpent
Royal Museums Greenwich — HMS Captain y proyecto Find the Captain
Royal Museums Greenwich — Modelo del HMS Captain
Historic England — HMS Captain, archivo fotográfico
GCiencia — Camelle y el rescate de los náufragos del City of Agra
MITECO — Contaminación marina accidental: Prestige
Cultura de Galicia — Investigación de un pecio en Corme (2026)
Cultura de Galicia — Primer censo del patrimonio marítimo de Galicia (2026)